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Me gustaría que miraras por ella y me dijeras lo que ves...

Elena de Francisco Jiménez

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July 29

VIVIR SIN MIEDO

 

H

ola me llamo Teresa!, vivo en Genesaret, una ciudad muy grande de Galilea, gobernada por los romanos. En mi casa siempre hemos sido bastante religiosos y como ahora además  no podemos ir a la sinagoga, y se nos suele tener muy vigilados, mi abuela, todos los días antes de acostarnos, nos lee un texto de las Escrituras. Además, por la tarde suele venir a mi casa mucha gente, uno de por aquí, que conocemos porque son vecinos nuestros, y otros que en mi vida había visto, pero da igual, porque todos nos acabamos  conociendo y tratando como en familia, ¡incluso entre nosotros nos llamamos hermanos!

 

El otro día, le pregunté a mi madre: ¿Cómo es que nos llamamos así? Porque estaba claro que, además de que tenemos diferentes padres, la verdad es que no nos parecemos en nada. Mi madre me dijo: No es que seamos hermanos de carne, sino que somos hermanos en la fe, porque creemos en el mismo Dios, que es nuestro Padre, y somos todos hermanos de un tal Jesús al que muchos llaman Cristo, que los romanos han sacrificado hace poco; según mi madre, porque decía ser hijo de Dios, y decía muchas verdades, de las cuales muchas ya estaban anunciadas en las Escrituras.

 

Yo tengo muchas veces miedo de que toda esa gente venga todavía a mi casa, a reunirse y a rezar con la Escritura, porque en cualquier momento podrían a parecer los romanos a castigarnos a nosotros, y crucificarnos como a Jesús. Aun así, ¡ellos se reúnen y siguen viniendo! ¡Qué valientes! Y no solamente es eso, sino que además cuando se reúnen, ¡cantan e incluso ríen! Pero mi padre el otro día, al verme tan asustada, me dijo que no pasaba nada porque precisamente Jesús, al morir, nos dejó  una misión que es la de proclamar la verdad, el Evangelio, la conversión y la salvación, sin miedo.

 

La verdad es que me quedé pensándolo unos cuanto días. ¿De dónde sacarían los mayores, incluso los abuelitos, tanta fuerza y valor par seguir cumpliendo una misión tan arriesgada? Mi madre me dijo que la fuerza nos la da el Espíritu Santo.

 

Aun así yo sigo teniendo un poco de miedo, y le dije a mi abuela que para eso también nos podríamos reunir cada uno en su casa con su familia, porque así también hacemos lo mismo, y además así llamábamos menos la atención para que los romanos no sospecharan. Pero mi abuela me respondió  que, precisamente, lo tenemos que hacer es manifestarnos para que todo el mundo, incluso los que están lejos, se enteren de la verdad, y para conseguirlo debemos seguir el ejemplo de dos secretos que nos reveló Jesús antes de irse: permanecer unidos, queriéndonos mucho.

 

Incluso ¡nos dijo que quisiéramos a los romanos! ¡Eso sí que lo veo difícil!  ¡Sin embargo, mis padres no lo deben ver muy difícil! ¡Porque le abren la puerta a todo el que llama!  El otro día por la tarde, cuando estábamos todos reunidos, ¡llamó un romano a la puerta! Yo me quedé aterrada. Pensé ¡que ya venían a por nosotros! Y le dije a mi hermana, que estaba a mi lado: ¿Lo ves?  ¡Ya te lo dije! ¡Nos han pillado!

 

Mi  padre se acercó a él. Estuvieron un rato hablando y poco después, se abrazaron, se dieron la paz y se unió a todos nosotros. Ultimamente viene todos los días. ¡Ya no le tengo miedo!

 

El otro día, cuando me levanté noté un ambiente un poco raro: Todo el mundo corría de un lado parar otro chillando por aquí, chillando por allá; era mi madre que se había encarcelado en la cocina con las vecinas, y gritaba constantemente: ¡Isabel, pásame la pimienta!; ¡Sara, acércame los dátiles!

- ¡Ya no quedan , mamá!

-        ¿Qué ya no quedan? Toma tres denarios y compra cuatro docenas

 

Mi padre, entre tanto, se había ido con Jeremías a pescar. En resumen, el barrio entero parecía un avispero. Mi abuela, antes de salir corriendo como los demás, me dijo que el discípulo Bernabé llegaría esta tarde para compartir con nosotros la Palabra, después iba a venir a cenar a nuestra casa. Me ha contado que los discípulos van de pueblo en pueblo  y de ciudad en ciudad proclamando la Palabra, incluso me ha dicho que en algunos pueblos ¡han hecho milagros!

 

Y es verdad, porque hace poco llegó un hombre que decía que hace unos años era leproso, pero que un discípulo de Jesús le curó. Muchos como éste ya han pasado por mi casa, y están tan contentos que no hacen más que contárselo al primero que ven.

 

Creo que ya sé lo que significa ser cristiano y formar parte de una comunidad  cristiana: Vivir sin miedo, contentos cada día con lo que Dios  nos da, compartiéndolo todo con los demás, y como dicen en casa: En esto reconocerán que somos discípulos de Jesús.

 


 

July 28

TARDE TE AMÉ

 

¡Tarde te amé, belleza infinita tarde te amé, Tarde te ame belleza siempre antigua y siempre nueva!
Y supe, Señor que estabas en mi alma y yo estaba fuera, así te buscaba mirando la belleza de lo creado.
¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te ame, tarde
te ame, belleza siempre antigua y siempre nueva!.
Señor tu me llamaste, tu voz a mi llegó, curando mi sordera con tu luz brillaste cambiando mi ceguera en un resplandor,
¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te ame, tarde
te ame, belleza siempre antigua y siempre nueva!.
Tu estabas conmigo, mas yo buscaba fuera y no te encontraba, era un prisionero de tus criaturas, lejos de Ti.
¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te ame, tarde
te ame, belleza siempre antigua y siempre nueva!.
Hasta mí, ha llegado el aroma de tu gracia, por fin respiré, Señor yo te he buscado, siento hambre y sed, ansío tu paz.
¡Tarde te amé belleza infinita, tarde te ame, tarde
te ame, belleza siempre antigua y siempre nueva!.

March 21

PALABRAS QUE SE HACEN VIDA (SEXTA SEMANA)

LITURGIA

LA LITURGIA DE LAS HORAS

Detrás de cada manera de celebrar hay una espiritualidad. La oración litúrgica de la Iglesia se desarrolla de manera continuada a través del año litúrgico. El año litúrgico puede dividirse en tiempos semifuertes, débiles, fuertes y fortísimos. Estos distintos caracteres de los tiempos litúrgicos se notan en los tiempos semifuertes y fuertes, en todos los textos y horas: en los himnos, las antífonas, las lecturas, las preces, etc. En cambio, en el largo Tiempo Ordinario, estas alusiones a la espera del Señor se ven más en el Oficio de Lecturas, en las oraciones finales de cada Hora y en la antífona del Cántico Evangélico de los domingos, ya que los demás textos están engarzados en un ritmo de cuatro semanas que se repiten cíclicamente.

Además del ritmo anual de los tiempos débiles y fuertes, la Liturgia de las Horas contiene un ritmo mensual de cuatro semanas.

Junto con el año litúrgico y el salterio mensual, la Liturgia comprende el recuerdo de los santos y de los hechos memorables de la vida del Señor, o de la Virgen, o de la Iglesia.

Los textos de dentro de cada semana también tienen su propio ritmo, que va de domingo a sábado recorriendo la semana el triple acento en el dolor del pecado, el silencio de la espera y la alegría de la salvación:

El domingo tiene un carácter glorioso siempre, incluso en Cuaresma, en recuerdo de la Santa Resurrección, recuerdo que no debe empañarse con ninguna penitencia ni dolor.

El lunes los salmos aluden generalmente a las contrariedades de la vida, la persecución, las dificultades.

El martes los salmos "responden" con acción de gracias al día anterior por la salvación providencial que Dios nos ofrece.

El miércoles tiene un carácter semipenitencial.

El jueves los salmos recuerdan la gloria que nos espera, generalmente aludiendo a Sión, Jerusalén, el Templo, etc.

El viernes tienen un carácter fuertemente penitencial, aunque a la noche culminan en acción de gracias por él.

El Sábado es un día de espera y silencio, y simultáneamente marianos (lo propio de la Virgen es precisamente su silencio expectante y esperanzado).

Dentro de cada día se suceden las Horas, que se dividen en dos: Mayores y Menores. Las Horas Mayores son las dos que contienen el Padrenuestro: Laudes y Vísperas, y que junto con la Misa dan su ritmo celebratorio de tres momentos fuertes en cada día: Laudes es oración de la mañana, sus textos aluden al día que comienza, con su esperanza y también con su desafío. Vísperas es oración del atardecer-noche, sus textos aluden al fin de la jornada activa, en la que hemos visto actuar en nuestra vida al Señor, por lo que hay un fuerte acento en la acción de gracias. Las Horas Menores son: Oficio de Lecturas, Hora Intermedia y Completas.

LA ORACIÓN DE SANTA PAULA MONTAL

Si no volvéis a ser como niños… no entraréis en el Reino de los Cielos. Esto es un don que recibimos. Hacerse como niños es vivir a la intemperie, el recuerdo de nuestras faltas nos lleva a no apoyarnos en nuestra fuerza, que es pura flaqueza y habla de flaqueza y de amor. El Reino viene a nosotros, se abaja y yo lo acojo por la misericordia de Dios. Si uno no quiere no entra en el banquete del Reino.

Si no volvéis a ser como niños…

…no entraréis en el Reino de los Cielos

 

Señor, grandeza de los humildes,

que elegiste a Santa Paula Montal, virgen,

para dar testimonio con su palabra y obra

de tu amor salvador a la familia y a la sociedad,

por medio de la promoción integral de la mujer

y de la educación cristiana de la niñez y juventud;

concédenos, por su intercesión,

imitarla en el seguimiento de Cristo Maestro

y llegar a los gozos eternos de tu Reino.

 

Elena de Francisco Jiménez, Sch. P.

Arenys de Mar, 7 de febrero de 2009

February 27

PALABRAS QUE SE HACEN VIDA (25 DE FEBRERO DE 2009)

COMUNIDAD
  • Todas somos responsables de la comunidad, de cada hermana. Sirve, que para esto fuiste llamada.
  • Respeta a las hermanas profunda y sinceramente para crear comunidades auténticas y adultas.
  • Acepta a las hermanas tal como son, tienen derecho a ser distintas.
  • Alaba con naturalidad las cualidades de las hermanas. Haz de esta celebración objeto de oración.
  • Cultiva la educación en las relaciones interpersonales: pide por favor, da gracias, solicita perdón.
  • Acoge, estimula, ayuda, sonríe, alienta, aplaude a los miembros del grupo. La corrección fraterna sólo tiene sentido en ambientes de amor.
  • Sé tú misma, auténtica, transparente. No permitas la doblez y la falsedad. La sinceridad edifica la comunidad y abre nuevas posibilidades de convivencia.
  •  Vive las alegrías y tristezas del grupo como tuyas. Cultiva la actitud de la solidaridad.
  • Procura amar y servir sin exigir devoluciones. Actúa con gratuidad y sencillez.
  •  Acepta y ama a cada una por ellas mismas. Interésate continuamente por las hermanas.
  •  Esfuérzate por comprender, perdonar y olvidar los roces malentendidos de cada día. Son inevitables pero es malo rumiarlos.
  •  No dramatices los pequeños roces de cada día. Usa el humor para no tomar demasiado en serio las pequeñeces humanas.
  •  Acoge al otro metiéndote en su piel. Vive unida a los miembros de la comunidad en actitud de fe.
  •  Cultiva el buen humor, la alegría, el optimismo, la esperanza y coopera con el bienestar de la comunidad.
  •  No critiques a las hermanas y, menos, a la espalda. No airees los defectos a menos que pueda ayudar a mejorar.
  •  Cultiva la apertura para que la comunidad no sea un ambiente cerrado y sin perspectivas.



PALABRAS QUE SE HACEN VIDA (EJERCICIOS ESPITUALES)

EJERCICIOS ESPIRITUALES

Los Ejercicios Espirituales son un tiempo de paz, de encuentro con el Señor, de silencio interior; el silencio tiene razón de ser por respetar el tiempo de la otra persona pues el ritmo del camino es muy personal.

ORIENTACIONES PARA LA ORACIÓN

  • En el comienzo nos pregunta Jesús: “¿Qué buscáis?”; es preciso saber perder el tiempo para estar con el Señor y “¿Qué quieres que haga por ti?”
  • Dar gracias junto con Jesús por tanto bien recibido, por el don de la vida; pedir al Señor la gracia de vivir la vida con serenidad y paz y dejar que entre la gente en la oración: personas concretas, situaciones vividas. Dios sólo pide aquello para lo que capacita.[1]
  • Lo que no rompe es apropiarnos del don; pedir al Señor la gracia de reconocer que nuestra tendencia es a apropiarnos del don; cuando me apropio del don dejo de generar misericordia y viene el orgullo, el engreimiento y el desprecio a las criaturas, dejo de ser agradecido, se rompe el plan de Dios y la fraternidad. El pecado es desenfocar la vida; le pedimos al Señor que nos reubique en nuestro ser de criaturas, que nos conceda una mirada limpia. El pecado no lo encontramos por pura introspección, ni mirando al mundo desde fuera, como un espectador. Los lamentos son inútiles, la misericordia sólo se descubre poniendo los ojos en el Señor Jesús porque la mirada del Señor siempre es misericordiosa.[2]
  • El Señor invita a seguirle para que, junto con Él, nos metamos en el mundo roto para ser portadores de Buena Noticia. Pedir la gracia de no ser sordas a su invitación. Jesús nos invita a meternos entre el mundo viviéndonos como criaturas entre las criaturas. La invitación nos dinamiza, nos sitúa en este mundo concreto como mujeres portadoras de Buena Noticia. Sólo cuando nos vivimos como criatura entre las criaturas  y le decimos sí al Señor desde la vulnerabilidad y la debilidad podemos llevar la Buena Noticia y transparentar la misericordia del Señor y su ternura.[3]
  • Acompañar al Señor poniendo los ojos fijos en Él, contemplar cómo se sitúa en la vida, se siente impulsado a predicar el Reino y curar dolencias. Jesús hace el anuncio del Reino en este mundo roto y por eso pasa también Él por la prueba que el mundo le hace en su modo de ubicarse en su vida y en la misión.[4]
  • Acompañar a Jesús que actúa en los caminos de Galilea y contemplar lo que dice, lo que hace, cómo lo hace, etc. Los milagros que realiza Jesús son todos signos del Reino, actos de poder de Jesús, prácticas de sanación que regeneran la dignidad de las criaturas. Esa es la libertad de Jesús, aliviar a la gente que sufre, cuando la criatura necesita.[5]
  • Jesús vive su misión desde la compasión, se retira a orar y de esa oración vuelve con entrañas aún más compasivas para aliviar a las criaturas. Le preguntamos a Jesús desde qué Dios se vive, a qué Dios invoca para implicarse compasivamente.[6]
  • Es importante retomar los momentos donde he encontrado consolación, es importante caminar humildemente por la vida.[7]
  • Todo el vivir de Jesús es amor hasta el extremo. Al acercarnos a contemplar la Pasión no la podemos separar de su vida, pues Jesús va a la muerte por amor.[8]
  • Jesús pasó haciendo el bien y entregó su vida hasta el final, una vez Resucitado hemos de alegrarnos con su alegría, para eso hay que quererle mucho con mucha gratuidad en la relación. Creer de verdad el sí de Dios, la Resurrección, tiene consecuencias en la vida cotidiana.[9]

ORIENTACIONES PARA LA VIDA COTIDIANA

Cuando la realidad se presenta desolada, discernir es examinar mis perezas; la realidad nos pone a prueba, nos tienta en nuestro seguimiento del Señor en nuestras motivaciones. Hemos entrado en la Vida Religiosa para intentar que el otro sea más feliz, queremos poner nuestra vida al servicio de las criaturas y la felicidad propia viene por añadidura. San Ignacio convierte la desolación en oportunidad del Espíritu Santo, en tiempo de gracia porque la realidad pone a prueba por qué estamos en el servicio. Agradecer el don y pedir fortaleza en la desolación.

Aunque la realidad rota nos produzca tristeza, nos podemos mudar contra la desolación. El riesgo es creer que hay dos realidades con la misma fuerza, es preciso no dejarse arrastrar por el derrotismo y tampoco simplificar, aunque la realidad es compleja, pues, cuando se percibe la realidad desolada, lo más fácil es simplificar el análisis de lo que pasa y buscar un culpable. Es preciso examinar lo que acontece y orar por ello mirándolo con los ojos de Jesús. Cuando examinamos lo que ocurre y lo oramos, se nos ocurren cosas que llevan consigo más penitencia y abnegación que quedarse lamentándose.

Poner los ojos fijos es contemplar cómo Jesús se sitúa en la vida. Inconscientemente Jesús se convierte en un modelo a imitar, el Evangelio no es un moral de comportamiento, no es medirse con la imagen ideal. El Evangelio es para vivirlo y disfrutarlo, Jesús es el Hijo de Dios vivo, la misericordia de Dios que convoca desde lo que soy cuenta con lo que soy. Es fundamental el “Ven conmigo” en el seguimiento, Él cuenta con lo que cada uno somos y contagiarse de sus sentimientos para hacerlo con Él y a su manera.

Contemplar es no precipitarse sobre el relato evangélico, no darlo por sabido, por eso es preciso entrar en la Palabra con reverencia para que el Señor pueda hablarme, pues si nos precipitamos no dejamos a Jesús que me exprese quién es Dios ni quien es ser hombre o mujer. También es disposición del corazón de orar con mucha humildad, pidiendo que el Señor me configure. Cuando contemplo la naturaleza me dejo conmover por ella y no pienso si hubiera podido ser el creador, sin embargo, cuando contemplamos a Jesús con frecuencia nos preguntamos y nos decimos que no somos capaces. Contemplar el pedirle al Señor que nos contagie y nos configure, es fiarse de la capacidad que tiene Jesús de conmovernos por dentro.

El criterio más fecundo en el discernimiento, junto con la acción de gracias es que en todas las etapas de la vida, todos tenemos temores y miedos, unos comunes y otros de cada uno. San Ignacio invita a enfrentar los temores, ponerlos delante para que no se apoderen. Lo peor es vivir engañado, por eso hay que elaborarlos, para no construir la vida en falso. Es importante también comunicarse, pues el seguimiento del Señor no se hace en solitario y comunicar alivia, serena y pacífica.



[1] Mateo 11,25-30; Lucas 6,46-49; 1 Corintios 10,4.

[2] Deuteronomio 8,7-9,6; Lucas 7,36-50; 18,9-14; Salmo 103.

[3] Lucas 5,1-11; 1,26-56-

[4] Mateo 4,1-11; 5,1-12.

[5] Lucas 7,11-16; 8,40-56; 13,10-17; Marcos 3,1-6.

[6] Lucas 15,11-32; Mateo 20,1-16.

[7] Marcos 8,27-33; 9,30-37; 10,32-45.

[8] Juan 10,1-18; 13,1-15,27; 18,1-19,24.

[9] Juan 20,11-18; Lucas 24,13-35; Juan 20,19-29; 21,1-19.


 

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